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2007

VIVA LA POESIA
por Gioconda Belli

Las pasiones políticas ocuparon poco espacio en mi mente esta semana. Del Martes 6 al Sábado 10 de Febrero, estuve en Granada, participando en el III Festival Internacional de Poesía, al que asistieron más de ciento cuarenta poetas de cuarenta y cinco países, algunos tan lejanos como Tailandia, Egipto, Islandia, Israel yNueva Zelanda.Este Festival es, hoy por hoy, el evento cultural más multitudinario y participativo que se produce en Nicaragua y hay que destacar que el mismo es una iniciativa que proviene enteramente de la sociedad civil. Año con año, la directiva y el núcleo de personas sobre las que recae el peso de la realización del festival, trabajan de manera voluntaria y sin recibir salario para hacer realidad el sueño de convertir Granada en una especie de Meca poética. Organizar anualmente el peregrinaje de tanto poeta hacia Granada es una labor ardua que se ve, sin embargo, ampliamente recompensada no sólo por la asistencia masiva a las actividades convocadas por el Festival, sino por el deslumbre de los poetas invitados. Tras esos días en Granada, todos ellos se van tremendamente impresionados por el amor de los nicas a la poesía y por las bellezas naturales de nuestro país. Les cuesta creer que exista un pueblo con la avidez del nuestro por escuchar poesía. Y es que resulta realmente impresionante ser testigo de cómo, cada noche, mientras dura el festival, cientos de personas, desde los más pobres hasta los más ricos, desde los más jóvenes hasta los más viejos- se congregan en los atrios de las iglesias y en las plazas de Granada –convertidos en escenarios maravillosos- para escuchar la lectura de incontables poemas de la voz de sus autores. Siendo tantos los poetas, aún cuando cada uno lea solamente un par de poemas, el promedio de duración de las sesiones nocturnas es de dos y hasta tres horas. El público, sin embargo, conserva durante todo este tiempo un maravilloso y respetuoso silencio. Las únicas interrupciones suelen ser –como sucedió este año mientras el gran poeta brasileño Thiago de Mello, leía su poema maestro “Los Estatutos del Hombre”- las campanas de la catedral marcando el paso de las horas o, a veces, el sonido lejano del atabal que acompaña las gigantonas que, noche a noche, salen por las calles de la ciudad a sorprender a los turistas.

Las lecturas son al aire libre, abiertas a todos y gratis, como lo son los conciertos que tienen lugar después de éstas y que reúnen artistas como Carlos y Luis Enrique Mejía Godoy, Normal Elena Gadea y Katia Cardenal. Este año, tuvimos también un concierto ofrecido por una poeta de Senegal y varios espectáculos de invitados que han incorporado elementos teatrales y música a sus presentaciones.

Los poetas viajan también a ciudades y pueblos vecinos, entre otros Masaya, Niquinohomo y Diriá, donde se les recibe como huéspedes ilustres y de donde regresan conmovidos por la hospitalidad de sus habitantes.

El momento de mayor deslumbre y colorido del Festival está dado, sin duda, por el “entierro” que, desde que se celebró el primer año, demostró ser uno de los atractivos más grandes de esta fiesta de la poesía. Y es que Granada, por si no lo saben, tiene la carroza fúnebre más bella del país, una carroza de madera labrada, tirada por cuatro caballos negros y conducida por un cochero vestido de frac y bombín. Dentro de esta carroza, durante el festival, viaja un ataúd donde simbólicamente colocamos los prejuicios y vicios que querríamos los poetas enterrar. El año pasado se enterró el olvido y la indiferencia. Este año le tocó el turno a la intolerancia. La carroza fúnebre entonces sigue un recorrido que arranca del mercado de Granada hasta la costa del Lago de Nicaragua, bajando por La Calzada y va presidida y seguida por comparsas del Guegüense, los Guisotes, comparsas de baile de la Costa Atlántica, chinegros, gigantonas y todas las expresiones del folklore nica. Los poetas van en un bloque detrás de una carroza cubierta de flores, a la que hemos llamado el poeta-móvil. En cada esquina, esta sui generis procesión -a la que acompaña masivamente la gente de Granada y sus visitantes- se detiene y los poetas suben al poeta-móvil, que tiene un podio y un micrófono, y leen sus poemas.De esta manera, festiva y original, la poesía sale a las calles de Granada y se ofrece a todos los que se aglomeran en las aceras a ver pasar el “entierro”. Recuerdo cuando el cochero que lleva la carroza fúnebre, dijo el primer año que nunca había estado en un entierro más alegre. Es, efectivamente, quizás el entierro más alegre del mundo, que culmina con una ceremonia donde se tira “el muerto” al lago y se guarda el ataúd para el año siguiente.

La tercera edición del Festival Internacional de Granada saludó la obra de Pablo Antonio Cuadra, Manolo Cuadra y Fernando Silva. El Festival del próximo año será dedicado a Salomón de la Selva.

Esta gran fiesta poética tiene la característica de ser financiada, casi en su totalidad, por patrocinadores de múltiples signos; desde bancos a personas privadas. Hasta ahora, también ha recibido el auspicio del Ministerio de Turismo y del Instituto de Cultura. Este año, ni los directores designados por el nuevo gobierno al frente de estas instituciones, ni el Presidente del país, a quien siempre se invita y se designa, por deferencia, como presidente honorario del Festival asistieron a la inauguración. Del gobierno de Unidad y Reconciliación, sólo llegó elseñor Vicepresidente, Don Jaime Morales Carazo, como aficionado que es de la poesía. Pero, como ya mencionamos, uno de los grandes méritos del Festival es el de ser una iniciativa ciudadana nacida dentro de un espacio de libertad y sin carácter oficial. Su éxito es un éxito de todos los nicaragüenses que celebran así una de las tradiciones más hondas de nuestra patria: el amor por la poesía.

Si no lo ha hecho, haga planes, querido lector, para asistir en 2008. Le prometo que no se arrepentirá.

Febrero 11, 2007

 


A PROPÓSITO

POETAS EN NICARAGUA
Sabas Martín

Por unos días, Granada, la hermosa ciudad colonial de Nicaragua fundada en 1524, se ha convertido en la Capital Mundial de la Poesía. Ha sido con motivo del III Festival Internacional de Poesía que ha reunido a unos 150 poetas procedentes de 45 países. En esta ocasión, del 6 al 10 de febrero, el Festival se realizaba en homenaje a Pablo Antonio Cuadra, saludando el centenario del nacimiento de Manolo Cuadra y los primeros 80 años de Fernando Silva, todos ellos nombres mayores de la lírica nicaragüense y puntos de referencia ineludibles de la poesía escrita en la otra orilla del idioma. Conozco varios festivales semejantes, pero, como éste, ninguno. Y es que en la Granada nicaragüense, como en todo el país, la poesía es una pasión que se vive con una intensidad difícilmente equiparable en otra parte del mundo. Ya desde la llegada a la ciudad, numerosos carteles y pancartas dando la bienvenida a los “amigos poetas” anunciaban lo que después iba a suceder. Y lo que iba a suceder era, fue, una fiesta mayor de celebración de la palabra poética, capaz de abolir fronteras y de hermanar identidadesy países en un mismo empeño: que la poesía se convirtiera en una presencia absoluta, tangible, envolvente, propagándose por calles y rincones como una marea inabarcable. Toda la ciudad, todas sus gentes han sentido y vivido la poesía como un acontecimiento extraordinario, seguido con auténtica devoción. Nunca he visto tanta sed, tanta necesidad, tanto respeto por la poesía. No es raro en un país como Nicaragua, orgulloso con razón de su riquísimo legado poético. Allí la poesía es pan de cada día y los poetas seres aclamados, admirados y, al mismo tiempo, próximos y entrañables.

En ningún lugar como en esa Gran Sultana que es la Granada de Nicaragua he vivido una experiencia similar. Cientos de personas de toda clase y condición, escolares y maestros, vendedores callejeros, universitarios, curiosos y paseantes, familias al completo, camareros y taxistas, han sabido transmitir con plenitud la avidez con la que ellos, allí, hacen suyo el verbo poético. En esos días del Festival, la ciudad se transformaba en un bullir expectante, atento a lo que los poetas decían en los diferentes escenarios –plazas, iglesias, centros culturales, el mercado municipal, hoteles, las calles mismas-, aunque para ello tuviesen que aguardar a pleno sol o pugnar por hacerse un sitio en medio de una cálida marea humana. Para los poetas era reconfortante, y asombroso, contemplar cómo las maratonianas sesiones de lectura eran seguidas con una atención casi religiosa. O cómo los niños y los profesores pedían sus autógrafos, unos versos, alguna frase o pensamiento. O cómo los medios de comunicación nacionales informaban exhaustivamente, día a día, del desarrollo del Festival, incluidos suplementos especiales en la prensa. Granada entera vivía por y para la poesía. Y no sólo la ciudad sede del encuentro. Una de las actividades más hermosas fue la prolongación del Festival en diez pueblos próximos: Nandaime, Diriá, Masaya, Niquinohomo, donde nació Sandino... Y en todos los lugares la misma expectación, idéntica avidez por la palabra poética. Como así ocurrió igualmente con el Carnaval Poético, una explosión de alegría y colorido, con el entierro de la Intolerancia y lecturas en once esquinas hasta llegar al Lago acompañados de música, bailes y manifestaciones del folklore nicaragüense. Otra clase de música fue la que ofrecieron en sendas actuaciones Luis Enrique Mejía Godoy y su hermano Carlos Mejía Godoy, a los que se sumó la de la cantautora senegalesa Sarah Carrére o el Ballet de Haydee Palacios con su “Danza de sones del Güegüense”, comedia-bailete primitivo declarado Patrimonio Oral del Humanidad. Memorable también fue la visita a la casa de Argentina Cuadra, hija de Pablo Antonio, convertida en un descomunal museo con el legado del poeta.

La dirección del Festival es responsabilidad de Francisco de Asís Fernández, con la eficaz coordinación de Gloria Gabuardi. Ellos son sólo algunos de los nombres que han hecho posible un encuentro de esa magnitud y a los que podrían añadirse los de Ligia Morales, Directora del Centro Cultural Antiguo Convento de San Francisco, o el de Bayardo Martínez, del Instituto Nicaragüense de Cultura. En ellos se resume el esfuerzo, y la amistosa cordialidad, de muchas otras personas que consiguieron que, por unos días, ciertamente la Granada de Nicaragua fuese la Capital Mundial de la Poesía. Mi agradecimiento por ello, y el de todos los que tenemos fe ciega y absoluta en la necesidad de la palabra.


       

 



2006
LO QUE SE QUIERE Y LO QUE SE REQUIERE
José Francisco Terán
A propósito del segundo Festival Internacional de Poesía de Granada
A mi esposa María Lourdes

Llegamos al entierro de la Indiferencia y el Olvido. Los dos carruajes fúnebres con hermosas coronas, moviéndose lentamente hacia la calle de La Calzada tirados por caballos blancos con hermosos arneses y aurigas vestidos a la usanza de Viernes Santo en Sevilla,. Detrás el nutrido grupo de hombres y mujeres, la familia doliente de caras alargadas por los sentimientos, pléyade de poetas que en cada esquina recitan sobre la tarima rodante roja oscura adornada de enormes girasoles, peleando contra micrófonos y bocinas, anunciando a cuatro vientos sus inspiraciones a veces vagas, irónicas, profundas. El poeta uruguayo, el poeta tico, nuestros poetas, todos en tropel a los entierros de la Indiferencia y del Olvido.

Tan pronto los enormes carruajes negros volvían a marchar y la gran familia doliente proseguía a moverse pausadamente, como si de un gran funeral egipcio se tratara, saltaban diablitos, bailaban gueguenses y gigantonas al son de pitos y tambores. El formidable conjunto de chicheros con enormes tubas, trombones, trompetas, flautas, tamborones y platillos acentuaban con sus lentas marchas la profundidad de las tragedias. Dos cuadras más de formidables jovencitos en atuendos de gala de brillantes sedas amarillas, rojas, verdes y azules, todos bailando perfectamente sincronizados al ritmo del formidable atabal, el redoble de tambores de la Granada cuyos ecos viven en la memoria de mis cinco años, hace ya cincuenta años atrás, en el Colegio Centroamérica de Granada.

Cae la noche y en la pequeña Plaza de la Independencia Marcela Sevilla organiza la presentación de los tres formidables volúmenes de Julio Valle sobre el “El Siglo de la Poesía en Nicaragua ”. Cuatrocientas sillas plásticas blancas, dos grandes pantallas, enormes bocinas y un amplio estrado, todo al aire libre, noche especial de luna y frío frente al telón de arcos, portales, columnas y balaustradas de la vieja mansión roja que antes fuera la casona de Don Julio Cardenal, convertida hoy en palacio episcopal de la diócesis granadina.

La plaza está repleta y la muchedumbre se extiende en el verdor del parque afirmando ese maravilloso contraste de plaza seca y parque verde, la relación diagonal tan delicada y compleja de espacios urbanos abiertos en magnífico contrapunto, alto urbanismo, civilización alcanzada por magia como las mejores plazas del mundo. Julio presenta sus libros y despliega en video la memoria de los ya muertos y las caras con voz de los que están vivos, Cardenal, Gioconda, Vidaluz y el explosivo poeta fonético Carlos Rigsby

Se abre la lunada poética. Efectivamente hay luna y hay poetas. Desfile de voces, emociones, gestos. De nuevo en vivo Cardenal recuerda su primer amor, Gioconda recita su “ Receta de Varón ”, Nicasio, Michelle, Edwin y otros formidables poetas nicaraguenses contemporáneos. Especialmente penetra mi alma el retrato de José Coronel Urtecho dibujado a su estilo por Francisco de Asís Fernández. Todos resienten a Noel Pallais que prematuramente y con audacia extendió el grandioso “Yo soy aquel que ayer no más decía.. .” de Rubén en la antesala de la presentación de los poetas vivos. Fue como tocar la Novena Sinfonía de Bethoven al comienzo de un festival de jazz. Pero lo que sigue es un desfile de increíbles voces, voces profundas, de vez en cuando interrumpidas por algún alarde de izquierdismo “…las parábolas que trazan en el cielo los misiles gringos cayendo sobre Baghdad” .

Se adivina en la noche que hay una trasnoche en algún “recodo” y por suerte, gracias a Jaime Sáenz, damos con ella.. Irene Arévalo nos da la bienvenida y nos pone de antesala las más bellas artesanías jamás vistas en Nicaragua en esta, la más vieja casona de Granada, solamente corredores y patios con gradas y fuentes hasta el chuisle que resuena al fondo del jardín. En paralelo una alta pared blanca y moderna de dos o tres pisos, con ventana mudéjar y otra caprichosamente rectangular, el abstracto contra el que resalta una arquitectura primitiva que data de antes que los arcos y portales invadieran Granada. La fiesta es inmensa, llena de emoción. Los poetas celebran sus triunfos. Los organizadores, Gloria Gabuardi , Nicasio Urbina, Irene Arévalo , Francisco de Asís Fernández, Mincho Lugo, se ufanan con justificado orgullo ante aquel despliegue de arte, vida, música y por supuesto poesía.

Desde temprano del viernes el festival se escapa a los pequeños pueblos que en turismo los llaman “blancos” pero que son de todo color: Catarina, Diriomo, Diriá, San Juan de Oriente, con mantas cruzadas, estrados y banderines en honor de la poesía, en honor de los poetas.

Regresamos al exquisito y complejo fenómeno urbano de la ciudad con el trazo más complejo de nuestra América, trazo urbanístico Español con fuertes dosis de Italiano; entre la magia de Savanah, Georgia, mucho de Charleston, Carolina del Sur, y algo de Venecia en el contraste diagonal de la plazoleta completamente seca, rodeada de las columnatas de Los Leones y la Plaza de la Independencia , en contrapunto con con el parque verde, ligeramente trapezoidal, abriéndose a mágicas calles: La Calzada , La Atravezada , La Calle Real , que como las patas de una tarántula africana alcanzan el agua, el volcán, el cielo abierto y la llanura verde.

Cae la noche frente a la fachada de la iglesia de San Francisco convertida en telón de fondo para el acto poético. Luces de color, micrófonos y bocinas, trescientas sillas más las gradas del atrio y las calles circundante repletas de juventud. Comienza el desfile de poetas de todos los lugares, de España, Puerto Rico, República Dominicana, Nicasio Urbina con su oda a Granada y otros nicaragüenses.

De pronto anuncian el inicio del concierto, Katia Cardenal y Moisés Gadea, la más exquisita voz nacida en la cuna de las emociones y la guitarra fuerte de Gadea en carrera loca tras los versos cantados del fondo del alma de Katia. El imán es tan intenso que los centenares de jóvenes sentados en el suelo, en las gradas, y en las calles, se deslizan como reptiles arrastrándose entre hileras de sillas, en los pasillos, en todos los recodos de la plaza, para estar cerca, para tocar la voz de Katia, la guitarra de Moisés, gozar la noche de felicidad y de arte, sin alcohol, sin drogas, sin tabaco.

¿Cómo decir lo que pasó en Granada?. Es imposible, Una ciudad entera, urbanismo, arquitectura, música y poesía, poesía por todas partes. Volvieron los autos sacramentales al teatro abierto de las calles y plazas. Oh Calderón. Oh Shakespeare!!.

Sin Asamblea ni Corte. Sin Contraloría ni Fiscalía. Sin Presidente. Al sepultarse la Indiferencia nació la Diferencia. Al enterrarse el Olvido nació el Recuerdo.

Lo que se quiere es Poesía. Lo que se requiere son poetas!

Managua, 16 de febrero, 2006


Granada [Nicaragua] en la memoria
Cuando la poesía importa 

ADRIANA ALMADA

Había viajado casi tres días cuando sobrevolamos los volcanes y el mítico lago. Desde el aire, buscaba con los ojos las islas y las islitas, buscaba Solentiname… Trataba de imaginar esas pequeñas comunidades despertando al evangelio, al arte, a la revolución, resistiendo a la rabia de Somoza. Desembarqué en Managua con un ejemplar viejo y maltratado de Nicaragua, tan violentamente dulce… Estos relatos de Cortázar, destinados a despertar solidaridad con el nuevo país que nacía en 1979, me parecieron ficción a poco de aterrizar. Toda la retórica revolucionaria, cargada de imágenes “preñadas de futuro”, quedaba disuelta en el cotidiano de una Managua siempre ausente, nombrada a partir de la falta, definida por las secuelas del terremoto, la guerra civil y la corrupción política.

Tomando un café en la terraza del Hotel Alhambra, la primera noche supe, supe profundamente, que el mío era apenas el paso de un viajero por la cinta corrediza del aeropuerto, una mirada que recorre, en un solo y único gesto, la superficie de la historia a través de su propio cuerpo. Aquí, en este mismo rincón de Granada, frente a la plaza principal, haciendo espejo con la casa materna de Ernesto Cardenal –donada luego a la iglesia-, tengo el privilegio de escuchar relatos personales, privados, íntimos, de hombres y mujeres que vivieron la revolución sandinista. La vivieron, sí, desde adentro y desde afuera; desde la clandestinidad y desde el exilio, desde la esperanza y desde la indignación. Puedo sentir la voz quebrada del miedo, la furia, pero también la melancolía, la decepción… la impotencia. Desde aquí busco, busco en la memoria y el sentimiento la sustancia de aquellos días. Pregunto, pregunto mucho. Me dolieron los huesos cuando camino a Masaya –el lugar de las artesanías que tanto elogiaba Cortázar- me figuré los combates, las emboscadas, los adolescentes obligados a seguir luchando contra la ex guardia nacional, aún después de tanto tiempo. Bajo el sol del mediodía, frente a una laguna célebre, hoy los turistas se toman fotos donde hace veinte años reventaban explosivos. Leo a Gioconda Belli y al leerla reconozco en sus relatos la piel de muchos personajes, sus ojos, la risa, todo eso que hace de una persona lo que es… Identifico los lugares.

Sin el Segundo Festival Internacional de Poesía de Granada creo que jamás hubiera llegado a Nicaragua, país al que conocía por las crónicas exaltadas de fines de los 70 y los primeros 80; por Cardenal y Rubén Darío, a quien la gente común, entre los nicas , llama “nuestro príncipe”. “No podés faltar a la más grande puesta en escena de la poesía del mundo en un escenario de América”, me habían dicho en México, meses antes, los escritores Francisco de Asís Fernández y Gloria Gabuardi, presidente y coordinadora del encuentro, respectivamente. Los poetas –casi un centenar y de variada procedencia- compartimos las mesas de lectura en los centros académicos y culturales, pero también en el espacio abierto de plazas y esquinas, en los atrios de las iglesias y en los pueblos. Justamente, uno de los momentos más intensos para mí fue la visita a Niquinohomo, cuna de Sandino. El ómnibus frenó al pie de la gran estatua del “general de hombres libres”, donde nos esperaban el alcalde, los concejales, el director de la escuela, los niños, la gente… Caminamos juntos hasta la iglesia, decorada con encajes y cintas, donde nos dieron la bienvenida con un repique de campanas. Leímos en la plaza, en un kiosko. Sentados en círculo, esperábamos nuestro turno para decir, cada uno, lo que tenía que decir. Un público diverso de niños, adultos, jóvenes y mayores, crecía, decrecía y volvía a crecer con las horas. Niquinohomo no es un lugar turístico. No tiene artesanías ni arquitectura que ofrecer. Sólo la historia de un hombre que hizo historia, y su gente. Regresamos conmovidos a Granada, silenciosos, diez poetas bajo el gris de la llovizna.

Granada era noticia. Entre huelgas de médicos y maestros, movilizaciones y pujas políticas, el festival de poesía era tema de tapa en los periódicos nacionales. Con Ernesto Cardenal, Claribel Alegría, Gioconda Belli, Daisy Zamora y Francisco de Asís Fernández en la mesa, la ceremonia de apertura reunió nombres significativos tanto de las letras como de la revolución sandinista. Al costado del escenario, frente al centro cultural llamado “Casa de los Tres Mundos”, se habilitó la Feria del Libro, donde la oferta editorial nicaragüense incluía títulos frescos como “El pergamino de la seducción”, de Gioconda Belli, publicado por el sello Anamá y “El siglo de la poesía en Nicaragua”, antología en tres tomos de Julio Valle-Castillo, que reúne la producción poética nica entre 1880 y 1980. Asimismo, los must de la literatura nacional junto a publicaciones de otros países, entre las cuales cito con admiración “Pícaras, místicas y rebeldes”, monumental antología de la poesía escrita por mujeres en América Latina, desde el siglo XVIII a nuestros días, realizada por las escritoras mexicanas Maricruz Patiño y Leticia Luna. Varias poetas paraguayas están incluidas, entre ellas Josefina Plá, Susy Delgado, Nila López y Amanda Pedrozo.

Lo que aquí cuento sucedió hace un par de meses y ya comienzan a desdibujarse escenas, momentos, voces… Hojeando en casa la antología de Valle-Castillo me detengo en José Coronel Urtecho, “a quien más gente haría bien en leer”, según decía Cortázar, y a quien se dedicó el festival, en el centenario de su nacimiento. Arquetipo del vanguardista en los años 30, don José fue amigo de Ernesto Cardenal, con quien publicó en 1949 una antología de la poesía norteamericana. En este sentido vale señalar que mientras los movimientos literarios en América del Sur recibían mayoritariamente influencia francesa, los poetas nicaragüenses se nutrían de la poesía norteamericana, tal el caso de Coronel Urtecho y del mismo Cardenal. Del primero transcribo “Oyendo el canto de las poponé y las ranas”: Poponé, poné, poné / poponé, poné, poné / Poponé, poné / poné… Cantan las poponé / Son las 6 de la tarde. Ya no se ve / Encenderé la luz / Tomaré / mi café. Fumaré / Leeré. Me acostaré / No sé si dormiré o si moriré / No sé si soy o he sido o si seré José / No sé si sé o no sé o si lo que sé lo sé / Poponé, poné / Poné… ¿Para qué? / ¿Para qué qué?”. Hubiera preferido “Discurso sobre Azorín para ser traducido en lengua nahual”, o “Pequeña Oda a Tío Coyote”, o “Retrato de la mujer de tu prójimo” o “Febrero en La Azucena”. Pero son largos y el espacio es corto.

Declaración. El Segundo Festival Internacional de Poesía se desarrolló durante la segunda semana de febrero. Mucha fiesta compartida y una declaración final, difundida internacionalmente. En ella los poetas proclamamos “ la poesía como un espacio de encuentro, diálogo y paz, desde el cual decimos no a las guerras, a los terrorismos, a la pobreza, a la opresión, la miseria y el hambre, no a quien oprime y somete, no a la tortura y a la xenofobia. No a las dictaduras. Decimos sí a la paz, a la vida, a la solidaridad, a la diversidad, al libre albedrío y al bienestar de los pueblos, sí a los derechos humanos y al respeto a los pueblos originarios de América […] Resolvemos crear una red poética de comunicación mediante la cual podamos dialogar e intercambiar nuestras obras y opiniones […] Ante la degradación del medioambiente, los poetas nos comprometemos a defender como bienes comunes de la humanidad nuestras culturas, la naturaleza, la diversidad de la vida, las faunas y floras y los diferentes ecosistemas del planeta”. El documento expresa la adhesión de los firmantes a la iniciativa, presentada ante la UNESCO, de declarar “patrimonio cultural y natural de la humanidad” a Granada y su entorno. La ciudad, fundada en 1524 por Francisco Hernández de Córdoba, se mantiene en su asentamiento primitivo y, a pesar de haber sido saqueada en varias oportunidades y casi destruida por el filibustero William Walker en 1856, conserva hasta hoy su valiosa arquitectura.

El festival fue convocado por la Presidencia de la República, la Alcaldía de Granada, el Ministerio de Relaciones Exteriores, instituciones a las que se sumaron otras dependencias del Estado, fundaciones independientes y asociaciones de escritores. La próxima edición rendirá homenaje al poeta Pablo Antonio Cuadra, “divulgador y promotor de vocaciones poéticas en las últimas cinco décadas del siglo XX”, según apunta Valle-Castillo en su antología.

Poetas participantes (recuadro)

Participaron en el festival los argentinos Vicente Muleiro, Ana Wajszczuk y Luis Alberto Ambroggio; Bei Dao, de China; los chilenos Marcelo Rioseco y Javier Campos; Harold Alvarado Tenorio, de Colombia; Juan Carlos Orihuela, de Bolivia; Iván Oñate, de Ecuador; Javier Alvarado, Consuelo Tomas y David Robinson, de Panamá; Jessie Kleemann, de Groenlandia; Alex Pausides, Nelson Simón, Víctor Rodríguez Núñez y Milena Rodríguez, de Cuba; Rigoberto Paredes, Roberto Sosa, y Rubén Izaguirre Fiallos, de Honduras; Julieta Dobles, María Amanda Rivas, Norberto Salinas, Adriano Corrales, Rodolfo Dada, Osvaldo Sauma, Carlos Villalobos y Ana Antillón, de Costa Rica; Ricardo Lindo, Silvia Elena Regalado, Mario Noel Rodríguez y Otoniel Guevara, de El Salvador; Ana María Rodas, Alan Mills, Francisco Morales Santos, Otoniel Martínez y Juan Carlos Montero, de Guatemala; Renato Sandoval, de Perú; Adriana Almada, de Paraguay; Saúl Ibargoyen Islas y Luis Bravo, de Uruguay; Ana Castillo, poeta chicana; George Evans y Martín Espada, de Estados Unidos; John Deane, de Irlanda; Eva Bourke, de Alemania; Elena Liliana Popescu y Theodor Damian, de Rumania; y los mexicanos Juan Bañuelos, Leticia Luna, Maricruz Patiño, Thelma Nava, Coral Bracho, Lina Zerón, Raquel Huerta-Nava y Laura Hernández. De Venezuela estuvieron María Antonieta Flores y Arturo Gutiérrez; Félix León Batista y José Mármol, de República Dominicana; Mayrim Cruz Bernal, Lourdes Vázquez, Marcos Rodríguez Freze y Edgard López Ferrer, de Puerto Rico; Norbert Barbe, de Francia; Michel Mimmo, de Italia; Pía Tafdrup, de Dinamarca; Kristyna Rodowska, de Polonia; de Taiwán, Lee Kuei-Shien y Xu Huizhi; de España, Fernando Valverde, Álvaro Salvador, José Carlos Rosales, Miguel Angel Arcas y Benjamín Prado; de Suecia, Hernik Nilsson. Nicaragua tuvo amplia representación: Ernesto Cardenal, Francisco de Asís Fernández, Claribel Alegría, Gioconda Belli, Daisy Zamora, Gloria Gabuardi, Julio Valle-Castillo, Nicasio Urbina, Luis Rocha, Blanca Castellón, Edwin Yllescas, Christian Santos, Marianela Corriols, María Lourdes Centeno, Irving Cordero, María Estela Calderón, Horacio Peña, Donaldo Altamirano, Isis Pereira, Patricio Fanor Téllez Solís, Marta Leonor González, Karla Sánchez, Isolda Hurtado, Carola Brantome, Luz Marina Acosta, Manuel Martínez, María Esperanza Morales, Pedro Alfonso Morales, Marcia Ondina Mantilla y Francisco Ruiz Udiel.



2005
Granada era una fiesta
Adriano Corrales Arias

Ninguna ciudad más propicia para tan magno evento: la primera en tierra firme centroamericana, incendiada por el filibustero William Walker y renacida de sus cenizas, una y otra vez –como la poesía que, pasando por el fuego retorna siempre más viva– esta bella ciudad, cuna de maestros como Joaquín Pasos (a quien justamente le fue dedicado este primer festival), José Coronel Urtecho –a quien se le dedicará el segundo–, Pablo Antonio Cuadra, Ernesto Cardenal, y Carlos Martínez Rivas, para mencionar los más reconocidos, recibió a más de doscientos poetas provenientes de toda América Latina.

Las lecturas se sucedieron en atrios de iglesias y catedrales, en antiguos conventos, en colegios y universidades, en plazas y parques, y por supuesto, en bares y cantinas donde la tertulia poética sentó sus reales, tanto en la refinada red hotelera como en las barriadas populares, “sin fronteras”. Fueron cuatro días de fiesta palabreada y paladeada, donde el amplio espectro de la poesía siempre estuvo servido. Por lo demás se expusieron libros, revistas, plaquettes, obras de arte en pequeño formato, artesanías y rostros variopintos en la polisemia cultural y étnica del encuentro.

Podríamos hace un recuento y evaluar las voces importantes al estilo de algunos cronistas tradicionales. Pero pecaríamos de abuso: todo recuento implica exclusión. Por lo demás, no se trata de seleccionar a los “principales” o “buenos”, sino de dar testimonio sobre la fortaleza de la poesía cuando se la convoca en buena lid.

Eso no implica recordar a Otto Raúl González de Guatemala, a José Luis Quezada y a Rigoberto Paredes de Honduras, con quienes compartimos poemas, recuerdos, copas, paseos y sueños. Igual al brasileño Jose Geraldo Neres, o a Jorge Boccanera desde Argentina, o el extrovertido verbo de los anfitriones: Chichí Fernández –organizador principal– y su esposa la poeta Gloria Gabuardi, el viejo de las barbas blancas, Ernesto Cardenal, Alvaro Urtecho, Rafael Vargaruiz, Nicasio Urbina (siempre rodeado de la belleza pinolera), Michelle Najlis, Iván Uriarte, Tania Montenegro, Carlos Rigby desde el Caribe, y un largo etcétera. Y a nuestros compatriotas Alfonso Chase, Osvaldo Sauma, Julieta Dobles, Rodolfo Dada, Alfredito Trejos, o el poeta más pequeño: Alejandro Cordero, pero sobre todo la belleza y el garbo de Ana Istarú. En fin, tantas voces consolidadas o de la nueva y vigorosa poesía centro y latinoamericana, que ya he caído en el exceso traicionando mi actitud hacia el recuento y excluyendo a tantos.

También podemos hacer señalamientos críticos: que la convocatoria fue excesiva y que rindiéndole culto a una falsa democratización no todos los que fueron debieron llegar, o que los recitales fueron arduos y kilométricos abusando de la generosidad del público. Pero lo importante, repito, fue la fiesta. Eso ha sido la fundamental: el rencuentro de la poesía con los juegos de pólvora y los gigantes cabezones de los pasacalles con cimarronas y chirimías, en un Güeguense con mucho de Chinfonía . Confiamos en que los organizadores sabrán interpretar e implementar los cambios necesarios para que el próximo festival dosifique la fiesta y sus lecturas. Lo esperamos. Lo demás es literatura. O periodismo.